martes, 6 de diciembre de 2011

Aquel hotel.

Abrió la puerta y consiguió un cuerpo tendido sobre el piso del baño, para su sorpresa se trataba de una jóven desconocida quién en profunda agonía se sumergía en un charco de sangre que llegaba a cubrirle hasta los pies, eran sus venas, quienes ya desgastadas pedían clemencia. Eso significó un severo escándalo para los ojos de Pedro, quien sin ninguna reacción yacía atónito y con la vista inmóvil en el cuchillo.
No podía hacer nada y es que ya el cuerpo perdía color y a su vez se reducían los pálpitos, que ya eran casi inexistentes. Ahí fue cuando impactado y producto de su cobardía se le ocurrió la peculiar idea de pensar que si buscaba ayuda podía terminar entre los sospechosos, incluso lo podrían encarcelar, situación que no le convencía o que quizás alguien la había puesto allí con la intención de incriminar al primer testigo o que tal vez, simplemente tal vez todo esto se trataba de una conspiración en su contra. A la final él era una persona importante. Contando con que las únicas veces que Pedro había tenido contacto visual directo con un muerto había sido en el cine, podría explicar la paranoia y la desesperación que se apoderó de él terminando así, aquella suprema agonía con el impacto de el moribundo en el asfalto, que acabaría con otro fallecido en las calles traseras de aquel hotel.

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