A ciencia cierta no podría decir si rondaba los 4, 5 o quizás 6 años, lo que sí recuerdo con claridad, era ese árbol de mango ubicado a las afueras de aquella residencia llamada La Portada. Me encontraba en una tarde cálida con sabor al inaventurado mango del exterior. La odisea fue iniciada por i hermano y mi prima quienes subieron al árbol dejándome abajo por no tener edad para subir. Allí la terquedad se apoderó de mí, como lo hace con cualquier niño y fue cuando traté de subir, pero resbalé y me raspé con unas cabillas que yacían junto a aquel frutal.
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